El VIH y su estigma se expanden por Yucatán

En México y especialmente en Yucatán, donde el número de casos de VIH va a la alza, no se han tomado las medidas suficientes para evitar que el contagio y al mismo tiempo, el estigma, sigan creciendo en la entidad. Las cifras actuales, en medio de la pandemia, indican que poco han servido las campañas y éstas no llegan a todos, principalmente a las comunidades rurales. 

Por Andrea Azueta, Víctor Balcázar y Cristina Trujillo

Silencioso, opacado en los dos últimos años por un agente biológico en cuya estructura destaca una especie de corona, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) recorre y se multiplica por las planicies de Yucatán.

Las últimas cifras de la Secretaría de Salud federal ubican la dimensión del crecimiento de número de contagios de este retrovirus en el estado: los nuevos contagios de VIH detectados durante el primer semestre de este año aumentaron 26 por ciento, en comparación con la primera mitad de 2020. 

La expansión del virus es más notoria si se revisan los nuevos casos de VIH detectados en el primer semestre de 2019. El aumento es de 80 por ciento.

En realidad, las cifras podrían ser más altas. Los especialistas y representantes de asociaciones civiles están convencidos de que existe un subregistro desde que en marzo de 2020 llegó la pandemia. 

Pedro Pablo Alemán Góngora, presidente de la Red de Personas Afectadas por el VIH (Repavih), cree que la pandemia ha mermado la posibilidad de hacerse pruebas para detectar el contagio, ya que sólo se aplicaron la mitad de las que usualmente se hacen.

“Si no hubiera pandemia, habría más casos. No hay una sola familia en Yucatán que no haya perdido a un familiar por SIDA (la enfermedad causada por el virus), y aunque se habla y se sabe, aún lo esconden”, explica Alemán Góngora.   

Si la comparación se extiende a cinco años atrás, los números son más llamativos: el crecimiento es de 221 por ciento.  

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Oriundo de la Ciudad de México, Ceiba, quien pide llamarle así para evitar ser víctima de discriminación, fue diagnosticado con VIH a principios de 2020. La noticia llegó después de que su pareja detectara una especie de bolita que le había crecido en el área del cuello.  “Ceiba” decidió hacerse la prueba Elisa. Semanas después le confirmaron que era seropositivo. 

Para Ceiba realmente no ha habido grandes cambios en su cotidianidad después del diagnóstico, ya que sólo un par de personas en su círculo social y familiar conocen el diagnóstico. Aún así, se ha enfrentado a discriminación al estar infectado por el VIH.

Lo vivió de manera muy cercana. “Mi ex pareja supo mi diagnóstico porque éramos novios y yo decidí compartirlo, porque habíamos tenido relaciones de riesgo. Él estaba como en shock; una vez fuimos al cine, siempre que íbamos compartíamos el mismo popote; después del diagnóstico, agarró dos popotes”.

El primer caso de VIH se detectó en México en 1983; en Yucatán, un par de años más tarde. Casi cuatro décadas después, el estigma sigue vigente, incluso entre integrantes de la comunidad LGBTI.

Ceiba lo experimentó directamente: “Antes de que yo fuera portador, alguna vez algunos amigos (decían) ‘no, es que esa persona tiene bicho’. Existe una discriminación dentro de la comunidad. Y además existe una gran, pero gran ignorancia acerca del tema, siguen viviendo con lo que se decía en los años sesenta, ochenta, sobre lo que era el VIH”.

El desconocimiento, en su opinión, se extiende a aspectos básicos de educación sexual. La sociedad yucateca se caracteriza, dice, por su ignorancia respecto al tema del VIH y la sexualidad humana. De hecho, “no saben diferenciar entre los términos homosexual, bisexual y heterosexual”. 

Los prejuicios y la desinformación dominan la “discusión” pública sobre el tema. Y ni las autoridades de salud ni educativas abordan el tema con la relevancia que deberían.

“No existen líderes morales que hablen públicamente sobre la prevención y transmisión del VIH; por el contrario, algunos recintos religiosos se han unido para minimizar la importancia del condón”, explica Carlos Méndez Benavides, fundador del albergue Oasis San Juan de Dios, en el que se atiende a pacientes seropositivos y también cumple funciones de clínica especializada en VIH/SIDA. 

Por ejemplo, menciona, diferentes iglesias se han unido “para decir ‘el condón no sirve’, ‘el condón falla’, ‘el condón tiene poros que el virus puede traspasar’”. 

Cuando ellos lo dicen públicamente, lamenta Méndez Benavides, nadie los confronta. “No hay un poder real de salud pública que confronte estas mentiras”.

La difusión de esta información falsa provoca un sentimiento de rechazo hacia el uso del condón masculino. Y con ello aumenta la posibilidad de que el contagio y transmisión del VIH se potencie en el estado.  

El presupuesto público del gobierno estatal que se destina a tareas de información y prevención y control de VIH, SIDA e infecciones de transmisión sexual no representa una ayuda. Se cuentan con siete millones de pesos anuales para cumplirlas. 

“No se ha priorizado la difusión masiva de información para su prevención, resultando así en personas portadoras que desconocen su diagnóstico durante décadas”, comenta el activista y defensor de derechos humanos de las personas con VIH. 

Yucatán es uno de los estados en que se cuenta con un alto porcentaje de población indígena, lo que acentúa el problema. Las comunidades mayas, que son las que prevalecen aquí, permanecen al margen de cualquier esfuerzo institucional.  

“No se está tomando en cuenta a las comunidades mayas e indígenas en zonas rurales. Ha habido intentos por hacer campañas, pero son insuficientes”, explica Méndez Benavides.  

El error de arranque es que se desea “imponer desde Mérida un pensamiento de escritorio y no de cosmovisión del campo”. Eso explica en su opinión por qué las campañas han fallado con la población indígena. 

Y pone un ejemplo que revela el desconocimiento de la realidad y de las dinámicas de contagio y transmisión del virus. “Una campaña para jóvenes maya hablantes, se hizo en español y en maya. Se hizo con pósters e imágenes en televisión, con una víbora de cascabel que atacaba y te mordía, y te decía, ‘el virus es como la cascabel, es mortal’. ¿Qué hicieron? Pues acabaron con las cascabeles. El VIH nunca entró a la cosmovisión del mundo maya”.

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La pandemia de la covid-19, además de los efectos sobre el sistema público de salud y la estela de más de 250 mil muertes en México, provocó un fenómeno de subregistro. 

El miedo a asistir a los hospitales, la carencia de citas médicas para atender enfermedades que no fueran críticas, la falta de medicamentos y la saturación de los esquemas de distribución de fármacos tuvieron un efecto paradójico: desplomó las cifras sobre contagio y las ubicó en niveles muy bajos, poco confiables para los especialistas.   

De acuerdo con las cifras de la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud, en 2020, en plena pandemia, se registró un descenso importante en los números de contagios por VIH. 

En el año 2019 las autoridades de salud registraron 19 mil contagios de VIH confirmados y 17 mil 216 diagnosticados. Un año después, el panorama cambió sustancialmente: los reportes oficiales ubican las cifras en 9 mil 711 confirmados y 9 mil 220 diagnosticados.

Las cifras se redujeron casi a la mitad, hecho que no sólo ocurrió en el estado sino en las 32 entidades del país. 

De hecho, el 2020 fue el primer año en que se registró una disminución en el número de contagios en Yucatán. 

Esa reducción no es confiable. “La pandemia y la situación de emergencia sanitaria mermaron las posibilidades de hacerse las pruebas, y sólo se aplicaron la mitad de éstas”, comenta Alemán Góngora.

“Si no hubiera pandemia, sí habría más casos. Y es que no hay una sola familia en Yucatán que no haya pedido a una familiar por SIDA, y aunque se habla y se sabe, aún lo esconden”, explica.

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El Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (CAPASITS) es una unidad de salud financiada por el gobierno estatal en tres puntos de la Península de Yucatán: Mérida, Ticul y Valladolid. 

Estos centros existen desde 2006 y fueron creados por el gobierno federal. Tienen la finalidad de brindar servicios para prevención y atención a pacientes con VIH e infecciones de transmisión sexual, así como apoyo psicológico, además de otorgarles el tratamiento antirretroviral.

Alemán Góngora dice que las inicitivas del gobierno estatal para difundir información y campañas de prevención del VIH son insuficientes y escasas y que, en cambio, se destina mayor presupuesto a la prevención y reparación de los daños causados por los huracanes.

Si bien en pandemias como el covid-19 y la influenza se dio una gran difusión de las medidas sanitarias, con “las campañas para el uso del condón para evitar la transmisión del VIH aún no se ha logrado”, lamenta. 

El fundador del albergue Oasis San Juan de Dios coincide y comenta un factor adicional: las campañas se limitan a ciertas fechas. “La información sólo se da cuando llega el Día Mundial del Sida. Los gobiernos no han hecho un compromiso real para realizar campañas permanentes”.

Lo que es más serio, en su opinión, es que tampoco han podido enfrentar y confrontar, “ni siquiera de manera diplomática, el ataque hacia la herramienta más conocida, que es el condón”.

Luis Barragán tiene 58 años y es originario de la Ciudad de México. En 2014 las pruebas confirmaron que estaba contagiado con VIH. En su caso, la falta de un diagnóstico adecuado lo colocó en una situación de riesgo: durante 23 años vivió como asintomático. 

Barragán censura que no haya campañas de difusión en las escuelas, desde los ciclos tempranos. “Deberían empezar en preparatoria y quizá hasta en tercero de secudnaria, como ocurre en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y Puebla”. 

Los jóvenes, concluye Barragán, deben saber que esta enfermedad existe, que es real, que se deben de cuidar.

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